Los romanos fueron los herederos directos de la cultura clásica
griega, pero las complejas relaciones sociales y políticas se tradujeron en la
concepción de la arquitectura desde el interior. Este concepto es el antecesor
de lo que Le Corbusier tuvo a bien llamar "máquina de habitar".
La expansión del
Imperio Romano tuvo como consecuencia la creación de ciudades ex-novo, esto es,
ciudades completamente nuevas. Por ello, y debido a su magnitud, se adoptó el
sistema de cuadrícula impuesto por Hippodamos en Grecia en el siglo V a.C. Este
sistema, además de permitir una mejor orientación dentro de la ciudad, también
favorece su recorrido con la misma celeridad en ambas direcciones.
La primera de las
ventajas se conseguía mediante la agrupación urbanística en torno a dos grandes
ejes que cruzaban la retícula de Norte a Sur y de Este a Oeste, denominados el
Cardus y el Decumanus, respectivamente. En la intersección de ambas calzadas se
encontraba, normalmente el foro, que albergaba los comercios, los templos y la
basílica, y el Teatro.
A continuación se
muestra una imagen de las ruinas romanas de la ciudad de Timgad, en Argelia,
donde puede apreciarse esta disposición.
La expansión colonial del Imperio Romano requirió la construcción
de grandes infraestructuras de comunicación y de servicios. Para salvar los
obstáculos se utilizó con gran profusión el arco, muestra de ello son los
puentes y acueductos que aún se conservan, como el Puente de Alcántara sobre el
Tajo, que alcanza los cuarenta y ocho metros de altura
| Puente sobre el Río Tajo en Alcántara, Cáceres. |
o el Puente Romano de la ciudad de Córdoba.
| Puente sobre el Río Guadalquivir, en Córdoba. |
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