Todas las entradas que comparten la primera parte del título han sido escogidas por su trascendencia tecnológica. De hecho todos los movimientos arquitectónicos son consecuencia de la evolución tecnológica, ligada a cambios sociales fundamentales en la historia de la humanidad.
No obstante, la de hoy representa un hito especialmente reseñable, pues todos los avances tecnológicos acaecidos durante el siglo XIX, son el germen de la sociedad actual, de todas sus virtudes, pero también de todos sus defectos.
De entre los aspectos que condicionaron las cualidades estéticas y funcionales de la arquitectura decimonónica, destacaría especialmente dos de ellas.
En primer lugar, la aparición de unas nuevas necesidades. La nueva organización social, llevó aparejada una profunda modificación de las estructuras materiales. El nacimiento del ferrocarril exige grandes infraestructuras de comunicación. Proliferan estaciones, puentes, viaductos y grandes obras públicas en general. Las nuevas industrias necesitan también de complejas y grandes instalaciones para desarrollar sus productos y por último, el ambiente de innovación, concepto que hasta entonces era completamente desconocido, conduce a la celebración de grandes exposiciones internacionales, donde se muestran los avances de cada país en diferentes áreas.
En segundo lugar, la mejora en la elaboración de dos materiales fundamentales y la aparición de un tercero que determinará la concepción de la construcción en el S. XX. El hierro había sido utilizado desde la época romana, principalmente en forma de grapas para sujeción de sillares, pero el resultado de la elaboración del material nunca había sido lo suficientemente bueno como para utilizarlo en la fabricación de elementos estructurales. Este aspecto, unido al bajo precio del hierro, a la posibilidad de fabricarlo en serie y de forma continua y a la rapidez de montaje de los perfiles prefabricados, fueron las razones por las cuales el siglo XIX se convirtió en la época dorada del hierro colado. El vidrio también había sido utilizado -ejemplo de ellos son las espectaculares vidrieras góticas-, pero también los avances tecnológicos permitieron la fabricación de planchas más grandes, llegando a alcanzar dimensiones de 2,50x1,70m por lo que se utilizó para cubrir los paños situados entre los perfiles de hierro, sustituyendo los muros de piedra o ladrillo en los edificios, por una suerte de piel traslúcida. El último material, también tiene su antecedente en la época romana. Los cementos puzolánicos ya habían sido utilizados como aglomerante en la construcción del Panteón de Roma, pero será el cemento Portland el que desbanque al anterior, por sus propiedades hidráulicas y mejor resistencia mecánica.
Uno de los ejemplos más relevantes de la arquitectura del S. XIX, es el Palacio de Cristal de Joseph Paxton. La exposiciones universales eran a la época de la que hablamos las ferias comerciales de la actualidad. El auge económico era de tal magnitud, que era necesario este tipo de eventos para darse a conocer, establecer relaciones comerciales, y conquistar nuevos mercados. Pero el tiempo de celebración de las ferias no era suficientemente extenso como para que una construcción de tipo permanente fuera económicamente viable, por lo que la reutilización de los materiales era de urgente necesidad. En la exposición de Londres de 1851, el proyecto de Paxton ganó el concurso abierto convocado con una apuesta cuyo éxito se basaba en la rapidez de montaje y desmontaje de la construcción, semejante a la de las piezas de un mecano. El edificio se convirtió rápidamente en el modelo para el resto de pabellones de exposición, invernaderos y palacios de cristal posteriores.
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| Palacio de Cristal de Joseph Paxton. Exposición Universal de Londres, 1851. |
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| Palacio de Cristal, Parque del Retiro, Madrid. Alzado. |
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| Palacio de Cristal, Parque del Retiro, Madrid. Planta. |




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